Nace el ave para el viento, libre en su naturaleza,
y quizás fue mi ceguera la que erró con tal torpeza.
Intenté cubrir tus alas cuando el cielo era tu anhelo,
sin saber que al protegerte, yo te hundía contra el suelo.
Te di el agua de mi fuente, pues sediento te veía,
sin notar que era el sentir lo que tu alma requería.
Te cuidé con mis desvelos, te ofrecí mi resguardo,
mientras tu alma, indómita, hallaba mi amor amargo.
Fui la jaula de madera que creyó ser tu princesa,
el vacío que sentías era el peso de mi empresa.
Y ahora duele, duele tanto, que en pedazos me deshago,
con mis propias alas rotas por el precio que ahora pago.
Ya no queda qué salvar, ni en tu vuelo ni en mi herida,
me refugio en el silencio de esta angustia compartida.
Entre miedos que me acechan, entre lágrimas y frío,
ya no tengo nada mío, solo un alma en el vacío.
Me perdí por retenerte, me quedé sin mi destino,
pero entiendo, finalmente, la verdad en el camino:
que los pájaros nacen para el cielo, sin cicatrices…
y mi voz, igual que tú, solo es libre si elige sus raíces.

You must be logged in to post a comment.