La verdad velada

Qué fría tu mirada cuando escondes tus pasos.
Qué impasible tu compás cuando repliegas tus alas.

Qué fría tu brisa cuando ciñes tu capa.
Qué impávido tu ademán cuando muestras tu desmán.

Y qué frío tu linaje cuando atesoras tus silencios.
Y qué impertérrito tu sosiego cuando cedes al aniego.

Y qué frío tu denuedo cuando brizas tu suerte.
Y qué denodado tu ultraje cuando arpas tu vendaje.

Frío de la verdad velada,
frío del aventurado hastío,
frío de la suerte anonadada,
frío…frío del ignorante brío.

Qué frío, siento tanto frío…