Tú que robaste tantas lágrimas…
que colmaste tantas noches en vela…
que encendiste tanta desilusión…
Tú, campeador de anchos campos,
de bajos valles, de atardeceres sin sol…
No creas que todo es cante o albedrío sin arte,
no menosprecies mi adiós…
Porque todos somos débiles, todos somos carne,
frágiles y aturdidos… pajarillos sin voz…
Vasijas de barro inertes,
que se quiebran ante el dolor…
No creas que todo es estandarte o muralla sin baluarte,
no te creas un dios…
También somos vasijas de barro solerte,
que no se quiebran por su ardor…
Tú, campeador de anchos campos,
mira mi espada en alto, muestra de gran fervor…

You must be logged in to post a comment.